UNA HERMOSA NAVIDAD
Sobre las nubes se escuchó una voz:
—Lo va a calumniar, a injuriar, a difamar hasta el fondo.
—Todavía no dijo ni una palabra —le respondió otra voz.
—Yo me encargaré de eso —dijo la primera, desafiante.
—Lo va a calumniar, a injuriar, a difamar hasta el fondo.
—Todavía no dijo ni una palabra —le respondió otra voz.
—Yo me encargaré de eso —dijo la primera, desafiante.
—¡No! ¡No! ¡No! Si mi hijo ya va a llegar y con su sueldo vamos a comprar de todo y todos vamos a pasar una hermosa Navidad. Él siempre fue muy responsable —se dijo por enésima vez Mateo García, tratando de autocalmarse.
Ya eran casi las diez y media de la noche de ese 24 de diciembre de 2026 y no había noticias de su hijo. Toda la responsabilidad de la noche navideña había caído sobre los hombros del joven, siendo el único sostén económico de la familia con solo 18 años. La familia había caído en la ruina económica: el padre, que era albañil, se había caído de un andamio y quedó inhabilitado por dos meses; simultáneamente, Sara, su mujer, había sido despedida de la noche a la mañana de la administración del hospital, el mismo día en que en ese mismo nosocomio le confirmaron que estaba embarazada. Ya no quedaban ahorros ni a quién pedirle prestado, pues con muchos ya estaban endeudados.
La familia la completaban Martín, de 15 años, y los gemelos Franco y Facundo, de 11. Pero no todas eran pálidas: su hijo mayor, Gabriel, había entrado a trabajar en la Ford con su título de técnico mecánico de la escuela secundaria. Eso llenaba de orgullo a Mateo: «Mi hijo trabaja en la Ford», se decía y comentaba por todos lados, como quien dice «mi hijo el doctor». Con esto subía su ánimo al recordarlo, pero a las 22:45 su templanza se iba a pique cuando el celular de su hijo no respondía y no respondía.
Los gemelos jugaban videojuegos en la computadora. Sara miraba por la ventana, esperanzada, sabiendo que podría ser una Navidad triste, pero también una fatal si algo malo le había pasado a su hijo. Martín, en su cama, miraba videoclips navideños en su celular y justo vio una obra de arte, así que llamó a su madre para que la viera. El chico observaba el artístico videoclip de la canción December Song (I Dreamed of Christmas) de George Michael https://www.youtube.com/watch?v=l-xzyD00_fI&list=RDl-xzyD00_fI&start_radio=1
—Hagamos como ese niño, metámonos a un mundo donde todo sale bien y tenemos una feliz Navidad —le dijo a su madre, que se secaba las lágrimas por la belleza del video y lo hermoso de la melodía.
—Ya estamos ahi hijo. Dijo suave pero firme.
—Sí, metámonos en el mundo donde Gabriel está bien y viene en camino con la plata para que compremos todo. Agrego energico Martin
—¿Comprar, mami? ¿A esta hora del 24? ¿Le habrá pasado algo? —preguntó Martín.
—No, ya va a llegar. El tráfico lo retuvo, ya va a llegar —dijo ella—. Yo voy a ir poniendo la mesa —agregó, como sosteniendo el decorado con la fuerza de una madre que ama a su hijo, y trajo los platos.
«Este se agarró el sueldo y se fue de parranda con sus amigotes», se dijo Mateo. Pero en el acto agregó:
—¡No! ¡No! ¡No! Si mi hijo ya va a llegar y con su sueldo vamos a comprar de todo y todos vamos a pasar una hermosa Navidad. Él siempre fue muy responsable.
—¡No! ¡No! ¡No! Si mi hijo ya va a llegar y con su sueldo vamos a comprar de todo y todos vamos a pasar una hermosa Navidad. Él siempre fue muy responsable.
Mateo trataba de recordar todas las veces que su hijo había demostrado ser una buena persona y se concentraba en ellas, luchando consigo mismo.
—Para colmo, en la heladera no hay nada —le dijo Sara susurrando.
—Ya va a llegar —dijo él, llamándolo otra vez, cuando el reloj marcó las 23:00.
No dejaban de sonar los estallidos de cohetes y fuegos artificiales. En la calle ya casi no había nadie; todos estaban reunidos comiendo y celebrando el nacimiento del Salvador de la humanidad. Y ellos con el corazon en la boca.
«Si él dijo: "yo compro todo", no se va a gastar la plata en prostitutas... él no nos haría una cosa así...».
—¡No! ¡No! ¡No! Si mi hijo ya va a llegar y con su sueldo vamos a comprar de todo y todos vamos a pasar una hermosa Navidad. Él siempre fue muy responsable.
—¡No! ¡No! ¡No! Si mi hijo ya va a llegar y con su sueldo vamos a comprar de todo y todos vamos a pasar una hermosa Navidad. Él siempre fue muy responsable.
La esperanza era bombardeada por el tiempo. Los gemelos ya cabeceaban, vencidos por el sueño.
—¿Si Gabriel no llega qué te parece si salimos a cazar para comer algo? —le dijo Facundo a su hermano, pasándole el joystick.
—En medio de la ciudad, ¿qué vamos a cazar? —le contestó.
—¿Perros?
—¿Te comerías un perro?
—No, pero en China se los comen.
—Su hermano ya va a llegar —les respondió la madre al escuchar el disparatado diálogo.
A las 23:10 como quien hace un acopio de sus fuerzas para redoblar la fe justo cuando todo parecía desmoronarse, agregó enfática y feliz:
—Recordemos que hace 2026 años en Belén un matrimonio trajo al mundo al Salvador de la humanidad en un portal. No hubo hoteles ni posadas para ellos, y era el Rey de Reyes y vence la oscuridad mas grande. Nosotros estamos acá en una casa. ¡Gracias, Padre! Y saldremos bien de esta...
—Recordemos que hace 2026 años en Belén un matrimonio trajo al mundo al Salvador de la humanidad en un portal. No hubo hoteles ni posadas para ellos, y era el Rey de Reyes y vence la oscuridad mas grande. Nosotros estamos acá en una casa. ¡Gracias, Padre! Y saldremos bien de esta...
—Gracias, Padre —repitió Mateo, pero luego se dijo para sus adentros: «¡Este agarró el dinero y se fugó con el primer sueldo! No, Mateo, ¿qué decís? ¿Cómo va a hacer una cosa así?».
—¡No! ¡No! ¡No! Si mi hijo ya va a llegar y con su sueldo vamos a comprar de todo y todos vamos a pasar una hermosa Navidad. Él siempre fue muy responsable, serio y maduro. Ya va a llegar —dijo justo cuando a las 23:30 sonó el celular. Era él.
—¡NO SABEN QUÉ ME PASÓ! —gritó—. ME ROBARON TODO... —y se cortó la comunicación.
La algarabía de la familia los reunió a todos en la entrada de la casa. Llamó de nuevo.
—Me queda poca batería. Está todo bien, ya voy para allá —alcanzó a decir cuando se volvió a cortar.
—Le robaron todo —dijo Martín.
—Pero está bien, eso es lo que importa —dijo Mateo.
Lo trataron de llamar, pero el teléfono ya no respondía.
—Vieron que ya viene —dijo la madre, feliz—. Y si no hay qué comer no importa, lo que importa es que estemos los seis juntos. La Navidad solo será triste pero no fatal.
Con ese contraste, su corazón se llenaba de felicidad.
—Los siete —dijo Mateo, tomándole la panza—. Que seguro es una nena.
—Es una nena —le dijo ella, feliz porque su hijo daba señales de vida y morían todos sus fantasmas.
Al rato llegó Gabriel en taxi. Pasó Paco, un indigente que vivía por ahí y le abrió la puerta del auto; Gabriel siempre le daba algo y esta vez le entregó una moneda con un "Feliz Navidad, Paco". El joven bajó con enormes bolsas llenas de comida, botellas y latas.
—No saben la odisea que acabo de pasar. Fue de película, todo en tres horas —dijo ingresando al zaguán.
Se abrazaron, se besaron y entraron a la casa mientras les contaba.
—Pasé por una rotisería abierta, compré dos pollos con papas y ensaladas, y compré vino, sidras y unas latas de ensalada de fruta. Y NO SOLO ESO, sino que tengo regalos para todos, porque al llegar al taller de la Ford encontré una venta de garaje con unos precios de regalo; tenía guardada la plata de mi almuerzo y la sacrifiqué por ustedes. ¡Pero eso no importa! Para el futbolista de la familia... ¡le traje una pelota de fútbol! —dijo, extrayéndola de la mochila y entregándosela.
—¡Gracias, bro! —le dijo Martín.
Todos estaban obnubilados; cuando creían que todo estaba perdido, él hasta se había acordado de comprar regalos.
—Para los gemelos les tengo dos paletas de pádel, ya no la tiene q pedir prestadas, pero les debo la pelotita. Dijo abrasándolo a los dos. Quienes no lo podían creer. Tenias su regalo en la mano!
En el acto, los niños se fueron al cajón donde había tres pelotas guardadas y, felices, se pusieron a entrenar ahí mismo.
—Y para vos, mami, tengo un Louis Vuitton... ¡No! No será un Vuitton, pero está muy bien, mirá.
—No es mentira —dijo la madre—. Pero es justo necesitaba un bolso nuevo y este está fantástico. Gracias, hijo.
—Y para vos —le dijo a Mateo—, lo que tanto te gusta: un cortaplumas multiuso. Tiene navaja, lupa, destornillador, punzón, serrucho, mini cuchilla, mirá —dijo abriéndola por completo. Y agregó rápido con picardía—: También viene con ventilador, ducha y calefacción.
Los gemelos se mataron de risa. Mateo la tomó con los ojos humedecidos, sintiendo casi culpa por los demonios que había tenido que ahuyentar de su cabeza.
—El mejor regalo es que estés bien después de haber estado desaparecido tres horas. Se abrasaron y besaron.
—Bueno, les cuento —dijo Gabriel mientras ya todos se acomodaban en la mesa y abrían los paquetes con los dorados y crujientes pollos.
Sara comenzó a servir, pero aclaró de inmediato:
—Les sirvo, pero no lo tocan, porque hoy es Navidad y primero bendeciremos la cena.
—Les sirvo, pero no lo tocan, porque hoy es Navidad y primero bendeciremos la cena.
Gabriel comenzó su relato:
—Primero, en la Ford nos hicieron trabajar media hora de más. Luego no nos querían pagar en efectivo porque decían que no tenían, que nos iban a depositar el lunes en los cajeros. Cuando dijeron eso, yo le 'lloré la carta' al encargado; les dije que tenía que comprar la cena navideña y Karina, la de Recursos Humanos, que es un amor, me llamó aparte y me pagó a mí solo, con la advertencia de que no le dijera a nadie. Hasta creo que me pago de su propio bolsillo!. Estaba feliz...
—Primero, en la Ford nos hicieron trabajar media hora de más. Luego no nos querían pagar en efectivo porque decían que no tenían, que nos iban a depositar el lunes en los cajeros. Cuando dijeron eso, yo le 'lloré la carta' al encargado; les dije que tenía que comprar la cena navideña y Karina, la de Recursos Humanos, que es un amor, me llamó aparte y me pagó a mí solo, con la advertencia de que no le dijera a nadie. Hasta creo que me pago de su propio bolsillo!. Estaba feliz...
—Y es linda? Pregunto el Padre.
—Encima es muy linda y soltera!.
—Antes de fin de año este ya tiene novia en la empresa! Agrego alegre Mateo.
Sigo, pero ni bien salí, a una cuadra, pasa un tipo en moto y me apunta con un revólver: "Dame todo de una". Mete la mano en el bolsillo y saca el sobre con los 1500 pesos y el celular, se sube a la moto y se va. Yo me quedo helado pero justo pasa un policía en moto solo y le digo: "Ese me robó". Me indica que me suba y comienza la persecución.
Todos lo miraban exorbitados, dejando casi los pollos en segundo lugar a pesar del hambre de ser casi las 12.
—Lo perseguimos unas cuadras hasta que se estrelló contra un camión. Tuvo que venir la ambulancia y se lo llevaron inconsciente. El policía le alcanzó a retirar del bolsillo mi sueldo y el celular, pero me dijo que teníamos que hacer la denuncia. Fuimos a la comisaría, la hicimos, pero me querían entregar el dinero porque cómo sabían que era mío. Yo les rogué y les expliqué que mi familia me estaba esperando, al final cedieron y me dieron todo. Pero la cosa no termina ahí: cuando salgo veo tres taxis, dudé y me metí en el del medio. En el siguiente semáforo, al que iba adelante se le estrelló una moto que pasó en rojo e hirió al conductor mal. Seguimos, y en el otro semáforo se nos venían unos tipos encima, pero giran y van al taxi de atrás y lo robaron a punta de pistola. ¡Por poco me roban por segunda vez!; una fuerza los detuvo y eligieron al de atrás. Lo ladrones estan a full esta navidad! Yo le alcancé a sacar una foto yéndose que voy a mandar a la policía. Y llegando acá, una nave extraterrestre me quiso abducir pero la detuve en el nombre de Jesús —dijo riéndose—. No, es un chiste, pero faltó poco... Fue una odisea exprés de tres horas. Nunca tuve tantas emociones: alegría, felicidad, desesperación, angustias consecutivamente. Pero acá estamos felices, vivitos y coleando.
—Eso es lo importante hijos míos e hija mía —dijo tomándose la panza. Luego le dijo a los gemelos—: ¿Ya se lavaron las manos ustedes? Bueno, vamos a comer y por lo acontecido y la fecha creo que lo mejor va a ser bendecir la cena con estas palabras —dijo extrayendo de su bolsillo la "Biblia de los Gedeones".
Y Sara leyó:
El que habita al abrigo del Altísimo
Morará bajo la sombra del Omnipotente.
2 Diré yo a Jehová: Esperanza mía, y castillo mío;
Mi Dios, en quien confiaré.
3 Él te librará del lazo del cazador,
De la peste destructora.
4 Con sus plumas te cubrirá,
And debajo de sus alas estarás seguro;
Escudo y adarga es su verdad.
5 No temerás el terror nocturno,
Ni saeta que vuele de día,
6 Ni pestilencia que ande en oscuridad,
Ni mortandad que en medio del día destruya.
7 Caerán a tu lado mil,
Y diez mil a tu diestra;
Mas a ti no llegará.
8 Ciertamente con tus ojos mirarás
Y verás la recompensa de los impíos.
9 Porque has puesto a Jehová, que es mi esperanza,
Al Altísimo por tu habitación,
10 No te sobrevendrá mal,
Ni plaga tocará tu morada.
11 Pues a sus ángeles mandará acerca de ti,
Que te guarden en todos tus caminos.
12 En las manos te llevarán,
Para que tu pie no troiece en piedra.
13 Sobre el león y el áspid pisarás;
Hollarás al cachorro del león y al dragón.
14 Por cuanto en mí ha puesto su amor, yo también lo libraré;
Le pondré en alto, por cuanto ha conocido mi nombre.
15 Me invocará, y yo le responderé;
Con él estaré yo en la angustia;
Lo libraré y le glorificaré.
16 Lo saciaré de larga vida,
Y le mostraré mi salvación.
Morará bajo la sombra del Omnipotente.
2 Diré yo a Jehová: Esperanza mía, y castillo mío;
Mi Dios, en quien confiaré.
3 Él te librará del lazo del cazador,
De la peste destructora.
4 Con sus plumas te cubrirá,
And debajo de sus alas estarás seguro;
Escudo y adarga es su verdad.
5 No temerás el terror nocturno,
Ni saeta que vuele de día,
6 Ni pestilencia que ande en oscuridad,
Ni mortandad que en medio del día destruya.
7 Caerán a tu lado mil,
Y diez mil a tu diestra;
Mas a ti no llegará.
8 Ciertamente con tus ojos mirarás
Y verás la recompensa de los impíos.
9 Porque has puesto a Jehová, que es mi esperanza,
Al Altísimo por tu habitación,
10 No te sobrevendrá mal,
Ni plaga tocará tu morada.
11 Pues a sus ángeles mandará acerca de ti,
Que te guarden en todos tus caminos.
12 En las manos te llevarán,
Para que tu pie no troiece en piedra.
13 Sobre el león y el áspid pisarás;
Hollarás al cachorro del león y al dragón.
14 Por cuanto en mí ha puesto su amor, yo también lo libraré;
Le pondré en alto, por cuanto ha conocido mi nombre.
15 Me invocará, y yo le responderé;
Con él estaré yo en la angustia;
Lo libraré y le glorificaré.
16 Lo saciaré de larga vida,
Y le mostraré mi salvación.
—Amén y amén, feliz Navidad familia.
Y cada uno en su interior pida una gracia para esa hermosa y memorable Navidad.
Comenzaron a comer.
Como un reflejo santo, Mateo se dio cuenta de una concordancia entre su mente y las peripecias de Gabriel y dijo luego de dar los primeros bocados:
—¿Saben qué? Yo también tuve una odisea pero mental, porque los demonios no me dejaban en paz: que te fuiste con tus amigos de joda, que buscaste unas amigas de la vida para pasarla bien... ¡que te fugaste! Pero luchando pude acallar esas voces, recordar que sos un buen hijo. Y saben que hay una concordancia entre las peripecias que pasó Gaby y siento que si yo hubiera caído en la difamación no atrapaban al ladrón o no te daban la plata en la policía o te robaban por segunda vez, pero ambos salimos ilesos. Yo de difamarte y vos de las las adversidades que enfretastes.
—Eso se llama metafísica —dijo Sara.
—Claro, más allá de lo físico, claro —dijo con los ojos abiertos—. Así que tengan cuidado con lo que piensan porque Dios pesa los corazones.
Y Sara agregó:
—Sí, en Eclesiastés la palabra dice: "Ni aun en tu pensamiento digas mal del rey, ni en lo secreto de tu cámara digas mal del rico; porque las aves del cielo llevarán la voz, y las que tienen alas harán saber la palabra".
—¿Andá, y este cómo captó eso? —preguntó una voz.
—Yo no le transmití ni una palabra —dijo otra.
—Lo captó solito de la mente de Dios —dijo otra voz. Y furiosos quedaron los demonios pero felices los García y sus angeles.
— Mira mami lo que vimos recien. Dijo Martin al ver en la tv pasaban Cancion de Diciembre y la familia contemplo el artistico video clip navideño. Viste lo logramos ma, nos metimos al mundo donde tuvimos un feliz navidad como pasa ahi...
—Todo es posible para el que tiene fe. Respondio Sara sonriente..
Comieron, bebieron, destaparon las sidras, brindaron, abrazaron sus regalos y se fueron a dormir gordos de felicidad luego de haber pasado una hermosa y memorable Navidad.
FIN
No se pierdan esta obra de arte.
https://www.youtube.com/watch?v=l-xzyD00_fI&list=RDl-xzyD00_fI&start_radio=1
Sobre las nubes se escuchó una voz:
—Lo va a calumniar, a injuriar, a difamar hasta el fondo.
—Todavía no dijo ni una palabra —le respondió otra voz.
—Yo me encargaré de eso —dijo la primera, desafiante.
—¡No!
¡No! ¡No! Si mi hijo ya va a llegar y con su sueldo vamos a comprar de
todo y todos vamos a pasar una hermosa Navidad. Él siempre fue muy
responsable —se dijo por enésima vez Mateo.
Ya
eran casi las diez y media y no había noticias de su hijo en ese 24 de
diciembre. Toda la responsabilidad de la noche navideña había caído
sobre sus hombros, siendo el único sostén de la familia con solo 18
años. La familia había caído en la ruina económica: el padre era
albañil, se había caído de un andamio y quedó inhabilitado por dos
meses; simultáneamente, Sara, su mujer, había sido despedida de la noche
a la mañana de la administración del hospital, el mismo día en que en
ese mismo hospital le confirmaron que estaba embarazada. La familia la
completaban Martín, de 15 años, y los gemelos Franco y Facundo, de 11.
Pero no todas eran pálidas: su hijo mayor, Gabriel, había entrado a
trabajar en la Ford con su título de técnico mecánico de la secundaria. Y
llenaba de orgullo a Mateo: "Mi hijo trabaja en la Ford", se decía y
comentaba por todos lados, como quien dice "mi hijo el doctor". Con esto
subía su ánimo recordando aquello, pero a las 22:45 su ánimo se iba a
pique cuando el celular de su hijo no respondía.
Los
gemelos jugaban videojuegos en la computadora. Sara miraba por la
ventana, esperanzada. Martín, en su cama, miraba videoclips navideños en
su celular y justo vio una obra de arte, así que llamó a su madre para
que la viera.
https://www.youtube.com/watch?v=l-xzyD00_fI&list=RDl-xzyD00_fI&start_radio=1
—Hagamos como ese niño, metámonos por la pantalla y tengamos una feliz Navidad —le dijo a su madre, que se secaba las lágrimas.
—¿Le habrá pasado algo? —preguntó Martín.
—No,
ya va a llegar. El tráfico lo retuvo, ya va a llegar —dijo ella—. Yo
voy a ir poniendo la mesa —agregó, como sosteniendo el decorado con la
fuerza de una madre que ama a su hijo, y trajo los platos.
«Este se agarró el sueldo y se fue de parranda con sus amigotes», se dijo Mateo. Pero en el acto agregó:
—¡No!
¡No! ¡No! Si mi hijo ya va a llegar y con su sueldo vamos a comprar de
todo y todos vamos a pasar una hermosa Navidad. Él siempre fue muy
responsable.
Mateo
trataba de recordar todas las veces que su hijo había demostrado ser
una buena persona y se concentraba en ellas, luchando consigo mismo.
—Para colmo, en la heladera no hay nada —le dijo Sara susurrando.
—Ya va a llegar —dijo él, llamándolo otra vez, cuando el reloj marcó las 23:00.
No dejaban de sonar los estallidos de cohetes y fuegos artificiales. En la calle ya casi no había nadie.
«Si él dijo: "yo compro todo", no se va a gastar la plata en prostitutas... él no nos haría una cosa así...».
—¡No!
¡No! ¡No! Si mi hijo ya va a llegar y con su sueldo vamos a comprar de
todo y todos vamos a pasar una hermosa Navidad. Él siempre fue muy
responsable.
La esperanza se iba acabando. Los gemelos ya cabeceaban, vencidos por el sueño.
—¿Andá si salimos a cazar para comer algo? —le dijo Facundo a su hermano, pasándole el joystick.
—En medio de la ciudad, ¿qué vamos a cazar? —le contestó.
—¿Perros?
—¿Te comerías un perro?
—No, pero en China se los comen.
—Su
hermano ya va a llegar —les respondió la madre al escuchar el
disparatado diálogo. Pero a las 23:10 su esperanza comenzaba a
debilitarse.
«¡Este
agarró el dinero y se fugó con el primer sueldo! No, Mateo, ¿qué
decís?», se decía a sí mismo Mateo. «¿Cómo va a hacer una cosa así?».
—¡No!
¡No! ¡No! Si mi hijo ya va a llegar y con su sueldo vamos a comprar de
todo y todos vamos a pasar una hermosa Navidad. Él siempre fue muy
responsable, serio y maduro. Ya va a llegar —dijo justo cuando a las
23:30 sonó el celular. Era él.
—¡NO SABEN QUÉ ME PASÓ! —gritó—. ME ROBARON TODO... —y se cortó la comunicación.
La algarabía de la familia los reunió a todos en la entrada de la casa. Llamó de nuevo.
—Me queda poca batería. Está todo bien, ya voy para allá —dicionó cuando se volvió a cortar.
—Le robaron todo —dijo Martín.
—Pero está bien, eso es lo que importa —dijo Mateo.
Lo trataron de llamar, pero no respondía.
—Vieron que ya viene —dijo la madre, feliz—. Y si no hay qué comer no importa, lo que importa es que estemos los seis juntos.
—Los siete —dijo Mateo, tomándole la panza—. Que seguro es una nena.
—Es una nena —le dijo ella, feliz porque su hijo daba señales de vida y morían todos sus fantasmas.
Llegó Gabriel en taxi. Bajó con enormes bolsas con comida, botellas y latas.
—No saben la odisea que acabo de pasar. Fue de película, todo en tres horas.
Se abrazaron, se besaron e ingresaban mientras les contaba.
—Pasé
por una rotisería abierta, compré dos pollos con papas fritas y
ensaladas, y compré vino, sidras y unas latas de ensalada de fruta. Y NO
SOLO ESO, sino que tengo regalos para todos, porque al llegar al taller
de la Ford encontré una venta de garaje con unos precios de regalo y
tenia la palta del almuerzo y lo sacrifique por ustedes. Pero eso no
importa, sino que para el futbolista de la familia le traje un fútbol!
—dijo, extrayéndolo de la mochila.
Ellos estaban obnubilados; cuando creían que todo estaba perdido, hasta regalos se acordó de comprar.
—Para
los gemelos les tengo dos paletas de pádel, les debo la pelotita —en el
acto se fueron a entrenar al patio—. Y para vos, mami, tengo este
bolso. Y para vos —le dijo a Mateo—, lo que tanto te gusta: un
cortaplumas multiuso. Tiene lupa, destornillador, punzón, serrucho, mini
cuchillo, mirá —dijo abriéndola por completo.
Mateos la tomo con los ojos humeesidos. casi con culpa por los demonio q debo auyentar de su cabeza
—Bueno,
les cuento —dijo ya todos en la mesa mientras abrían los paquetes con
los dorados y crujientes pollos—. Primero, en la Ford no nos querían
pagar porque decían que no tenían efectivo, que nos iban a pagar el
lunes en cajeros. Cuando dijeron que nos pagaban en efectivo, yo le
lloré la carta, les dije que tenía que comprar la cena navideña y
Karina, de Recursos Humanos, que es un amor, me llamó aparte y me pagó,
con la advertencia de que no le dijera a nadie. Estaba feliz. Pero ni
bien salí, a una cuadra, pasa un tipo en moto y me apunta con un
revólver: "Dame todo de una". Mete la mano en el bolsillo y saca el
sobre con los 1500 pesos y el celular, se sube a la moto y se va. Justo
pasa un policía solo y le digo: "Ese me robó". Me indica que me suba y
comienza la persecución.
Todos lo miraban exorbitados mientras el pollo esperaba en el centro de la mesa ser devorado.
—Lo
perseguimos unas cuadras hasta que se estrelló contra un camión. Tuvo
que venir la ambulancia y se lo llevaron inconsciente. El policía le
alcanzó a retirar del bolsillo mi sueldo y el celular, pero me dijo que
teníamos que hacer la denuncia. Fuimos a la comisaría, la hicimos, pero
me querían retener el dinero. Yo les rogué y les expliqué que mi familia
me estaba esperando, al final cedieron y me dieron todo. Pero la cosa
no termina ahí: cuando salgo veo tres taxis, me metí en el del medio. En
el siguiente semáforo, al que iba adelante se le estrelló una moto que
pasó en rojo e hirió al conductor. Seguimos, y en el otro semáforo se
nos venían unos tipos encima, pero giran y van al taxi de atrás y lo
robaron a punta de pistola. Por poco me roban por segunda vez; una
fuerza los detuvo y eligieron al de atrás. Yo le alcancé a sacar una
foto yéndose que voy a mandar a la policía. Y llegando acá, una nave
extraterrestre me quiso abducir pero la detuve en el nombre de Jesús
—dijo riéndose—. No, es un chiste, pero faltó poco... Fue una odisea
exprés de tres horas.
Comensaron a comer. Sara servia de pie.
En
el acto, Mateo se dio cuenta de una cosa: la odisea de su hijo era
acorde a sus cavilaciones mentales, que acusaban a su hijo sin
fundamentos, y estaba seguro de que si hubiera accedido a la difamación y
malos pensamientos, no estarían comiendo tan felices... y el ladrón
nunca hubiera sido atrapado. O lo habir robado pros egunda evz.
—¿Y este cómo captó eso? —preguntó una voz.
—Yo no le transmití ni una palabra —dijo otra.
—Lo captó solo —dijo otra voz.
Comieron,
bebieron, destaparon las sidras, abrazaron sus regalos y se fueron a
dormir gordos de felicidad luego de haber pasado una hermosa Navidad.
FIN
no se pierdan esta obra de arte
https://www.youtube.com/watch?v=l-xzyD00_fI&list=RDl-xzyD00_fI&start_radio=1
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